«La Psicoterapia es un proceso por el cual, mediante la escucha y la intervención del terapeuta, se pretende abrir nuevas vías de elaboración psíquica que aminoren el malestar de la persona». La psicoterapia no tiene como único fin abordar situaciones de sufrimiento; también sirve como poderosa herramienta para quienes buscan diferentes maneras de ser y de enfrentarse a la realidad. Es necesaria una evaluación personalizada de la terapia para cada paciente. Durante la vida cotidiana surgen circunstancias ante las cuales los recursos con los que cuenta cada persona no son eficaces; entonces se hace necesaria una atención específica donde el individuo se escuche a sí mismo y sea escuchado por un profesional con el fin de encontrar una salida psíquica diferente.

En los primeros estadios de su proceso evolutivo, el ser humano aplicaba con más o menos éxito remedios para los males del cuerpo; y llegó un momento en que empezó a sentir la necesidad del cuidado del alma, aunque aún no había adquirido conciencia cabal de su dimensión más profunda. Surgieron los chamanes, capaces de influir en la percepción de la realidad, de comunicarse con los espíritus; de interpretar los signos del manto estelar, la voluntad de aquellos dioses representados en imponentes signos totémicos. Se tardaría mucho más en descubrir el valor de la singularidad de la víctima afectada de un mal de la mente; hasta entonces, solo cabía una opción: extirpar el problema de raíz… A lo largo del tiempo el ser humano ha evolucionado sustancialmente. Ya no es admisible la eliminación del sujeto en función de sus facultades mentales, ni siquiera condenarlo al aislamiento o a la reclusión sistemática. Todo individuo tiene un potencial en mayor o menor medida, capaz de ser desarrollado, por muy enmarañado que esté el camino hacia la conciencia cabal de su propia realidad.

Por suerte, contamos con la potente y efectiva herramienta del psicoanálisis. Hoy día es práctica habitual acudir al gabinete de un psicólogo, en busca de soluciones para mejorar nuestra integridad psíquica, sin temor a ser reprendidos, como lo es dejarse orientar por un consejero espiritual sin miedo a un juicio condenatorio. Necesitamos a los especialistas para abrir nuestra mente, para cuidar de nuestra alma; necesitamos del amigo cuando queremos compartir nuestras confidencias, y seguimos necesitando a los intérpretes de los signos misteriosos de nuestro espacio sideral. En definitiva, se trata de echar mano de todos los recursos materiales y espirituales a nuestro alcance si de verdad aspiramos a conseguir que nuestros sueños se cumplan.

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