Nos preguntamos qué va a ser de nuestros hijos, después de haber invertido su energía al servicio de proyectos empresariales durante buena parte de su vida; cómo podrán afrontar las dificultades que se presentan a diario sin caer víctimas de la depresión, de la soledad marginal, de los conflictos que se abren en el entorno familiar como consecuencia de la destrucción de la autoestima por la falta de reconocimiento de nuestros activos personales. Una respuesta satisfactoria de la sociedad sería facilitar el acceso inmediato a la participación de los recursos productivos. No menos importante es aceptar nuestra responsabilidad ante el posible fracaso personal y responder con una actitud positiva si queremos establecer los límites de nuestro potencial y valorar nuestra capacidad real para alcanzar las metas que nos proponemos. Se trata de caminar hacia nuestro objetivo, conscientes de que hay alguien a nuestro lado cuidando del alma, pero sin olvidar la respuesta fundamental está en la AUTOMOTIVACIÓN. Esa es la clave. Nadie mejor que uno mismo para generar la respuesta al desafío de nuestro futuro. Conocer nuestras limitaciones no implica rendirse de antemano. «No podré», «no está a mi alcance», «otros son mejores que yo» son frases que con frecuencia oímos en nuestro entorno. Esos son los que se rinden antes de luchar. «Quién lo iba a decir», «y eso que no sabía»,»qué coraje ha demostrado», «tenía las ideas claras», «otros con más medios», «su familia le ha apoyado en todo momento» también son expresiones frecuentes; estas son las de los que trabajan día a día, sin escatimar esfuerzos, sin desfallecer. Seguramente tuvieron que superar muchos obstáculos para alcanzar las metas que se proponían.

Poco se dice de los que se dan la vuelta a mitad del camino, y menos de los que ni siquiera lo intentan.

No hablamos de la biografía de personas ilustres, ni de líderes sociales en cualquier ámbito de la vida. Hablamos de esos individuos que llevan una vida sencilla que no trasciende a los medios, que trabajan día a día en su quehacer cotidiano sin más recompensa que la satisfacción personal de hacer lo necesario para ser lo que son, reforzando su autoestima. Estas son las personas que ofrecen a la sociedad la garantía del trabajo bien hecho, con rigor y con responsabilidad; las que merecen una respuesta positiva a su búsqueda activa de empleo.

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