En la medida en que profundizamos en el significado de Mindfulness, más patente resulta la relevancia de este concepto en el proceso evolutivo del Pensamiento. Enraizado en el budismo, su conexión con la filosofía occidental ha propiciado su amplia difusión en la cultura de nuestra sociedad moderna, tan estresada y activa como necesitada de relajación y apaciguamiento. Se cita a Jon Kabat-Zinn como un referente indiscutible en relación con las aplicaciones de esta técnica para la medicina asociada al tratamiento de diversas dolencias físicas y psíquicas.  Es indudable que la práctica de la reflexión introspectiva refuerza el poder de nuestra mente y proporciona un control de nuestras emociones antes de actuar. Por otra parte, su efecto sanador contrastado es un objetivo asequible, siempre que adoptemos un estilo de vida en el que la reflexión preceda a nuestros actos, sin dejar por ello de estar conectados con nuestro entorno cotidiano. Para alcanzar el equilibrio mental y la paz interior es necesario vivir nuestra experiencia acorde con los principios que sustentan la Meditación. Siguiendo la metodología oriental y el ejemplo paradigmático de sus líderes más destacados, su práctica se ha incorporado plenamente en la Psicoterapia. Concentrarnos en la visualización Integrativa de nuestras características personales hasta tomar conciencia plena de nuestro ser físico y psíquico; atender a las circunstancias concretas de cada momento; valorar nuestras capacidades con realismo, son objetivos que hacen de la meditación una herramienta imprescindible en nuestra praxis como psicólogos, conscientes de la importancia del desarrollo integral de la persona. Nuestro cerebro ha establecido millones de conexiones sinápticas, generadas incluso antes del nacimiento, que permiten actuar inconscientemente, evitando errores imprevistos, y potenciando las relaciones sociales necesarias para la supervivencia del individuo. Por supuesto, nuestra voluntad interviene para tomar decisiones trascendentales, que serán acertadas o no dependiendo de muchos factores, externos e internos. Estos últimos son los que podemos y debemos controlar antes de actuar. Para lograrlo, hay técnicas, como la bien conocida del semáforo, semaforo-3colores que nos permiten analizar y sopesar los pros y contras de cada opción. No es novedoso hablar de pararse a pensar antes de tomar una decisión. De hecho, nuestro lenguaje diario está lleno de referencias a esta idea: “piénsatelo dos veces..” , no solo por no ser esclavos de nuestras palabras, sino sobre todo porque nuestros actos han de ser coherentes. Detenerse, escuchar nuestro dictamen y la opinión cabal de los demás es parte del proceso de atención previa a la acción. Meditar sobre nuestros actos, revisando sus consecuencias es, asimismo, imprescindible si queremos mejorar sin estancarnos. En última instancia, la misión de un semáforo es regular el avance, no paralizar el flujo de la vida.

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