Entendemos comúnmente por educación el proceso  de desarrollo y perfeccionamiento de las facultades  individuales. Uno de los resultados más sobresalientes es llegar al autoconocimiento y saber elegir entre diferentes opciones. Pero el reto personal más ambicioso  es ser capaces de construirlas. Antes de elegir, pensamos qué podemos hacer. Somos nosotros quienes debemos diseñar soluciones distintas antes de optar por la más adecuada. Para lograrlo, recurrimos a algo tan básico y asequible como la experiencia personal, sea o no positiva. De la ajena también podemos aprovecharnos, si sabemos reconocer las ventajas de los buenos métodos practicados por maestros, psicólogos y todos aquellos que ejercemos la difícil tarea de la formación y el cuidado de la mente. En ocasiones tenemos que deconstruir modelos obsoletos de análisis de la realidad, procurando, no obstante, aprovechar el material reutilizable. Desde una multiplicad de perspectivas, este proceso no está exento de fracasos, pero si sabemos analizarlos con rigor, también podemos obtener conclusiones válidas.  Rechazando toda tentación de pensamiento único, se trata de establecer un diálogo entre dos áreas de nuestro universo: nuestro pasado -no siempre accesible y a veces confuso- y nuestro futuro -cuyas raíces están ubicadas en el efímero presente- tendiendo entre ellos puentes hechos de actos cotidianos positivos para acarrear nuestro bagaje  como si de un viaje espacial se tratara.  Para ello observamos las manifestaciones somáticas del pensamiento incipiente, la risa, el llanto, la euforia, la depresión; empleamos todo el poder de nuestra inteligencia; sentimos el ánimo como una fuerza complementaria que hay que hacer crecer desde la cuna, conscientes de que muros, techo, ventanas, puerta principal, todo elemento constructivo de nuestro presente necesariamente se nutre de material acumulado. Nos atrevemos a intuir un precedente divino para el pincel del artista, del mismo modo que utilizamos nuestro entendimiento para proyectar la  construcción de nuestro cerebro. Fabricamos, creamos, inventamos, fingimos para modelar nuestro futuro, reforzando las efímeras fibras de nuestro presente. Nuestro conocimiento de la estructura de la mente nos permite avanzar en este delicado proceso, construyendo opciones, con la vista puesta en el horizonte de nuestro desarrollo personal. Cada opción es un camino posible. Elegir uno y recorrerlo es una decisión personal irrenunciable.

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