Hay seres humanos que nacen a la vida sin más cobijo que una endeble techumbre, solo pendientes de alcanzar la noche de su hoy; otros afortunados se despiertan resguardados de la intemperie, pensando y planificando su mañana. Unos y otros tienen grabado en sus genes el mandato de luchar para sobrevivir.

La voluntad se fortalece cuando la supervivencia es la prioridad de cada día, pero un objetivo claro y motivador también es un poderoso motor de nuestros actos. La combinación de ambas experiencias proporciona una fuerza formidable capaz de transformar al individuo. El crecimiento interior no depende tanto de factores externos como de la voluntad para ser lo que se quiere ser. Puede afirmarse que es posible crecer espiritualmente viviendo en la casa más humilde, y que el desarrollo de la mente no está garantizado por el hecho de residir en una buena mansión.

A los que vivimos resguardados de convulsiones sociales muchas veces nos escriben el guión para que digamos y hagamos lo que está escrito. Nos metemos en el traje y representamos el papel, porque eso es más fácil que ser guionistas de nuestra propia obra, llegando, incluso, a vivir solo para la función que nos asignan. Pero no basta con ser buenos actores. No es suficiente con ser prisma polifacético y brillar con destellos prestados, que se desvanecen con la puesta del sol o por una simple nube pasajera; somos responsables de adquirir luz propia e irradiarla a nuestro alrededor, mil veces multiplicada por medio de nuestras obras, por sencillas y humildes que estas sean.
Se trata de trabajar con algo más profundo y más duradero que aporte valor añadido a nuestro quehacer diario. Es nuestro crecimiento interior lo que está en juego. Solo hay que creerlo y ponerse en marcha. En esta andadura no estamos solos; siempre hay a nuestro lado fanales que nos alumbran, a veces con luz tenue, otras con deslumbrantes luminarias. Contamos con personas expertas en ajustar enfoques, en cuidar de la psique, que nos ayudan a profundizar en este conocimiento. Nos animan a descubrir, junto a ellos, que el poder de nuestra mente no tiene límites. Acceder al alimento, proveerse de los recursos básicos de subsistencia son tareas primordiales en la vida; también lo es buscar el camino adecuado para el desarrollo integral. Confiar en nosotros mismos, creer que podemos es el secreto para alcanzar nuestro objetivo personal.

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