Si creemos en el poder de la mente, no debería sonar a utopía pretender que los jóvenes consigan un empleo acorde con su preparación; que personas que han dejado atrás sus años de juventud aún pueden superar la exclusión del mundo del trabajo gracias a su capacidad de aprendizaje y de adaptación a nuevas situaciones; que es razonable aspirar a la lícita satisfacción de nuestra demanda de bienestar razonable, por más que un análisis riguroso de nuestro entorno nos muestra un panorama poco halagüeño y lleno de obstáculos. Esta crisis estructural ha afectado a los mismos cimientos de nuestra sociedad, y es inevitable que mucha gente piense que es difícil que lleguen tiempos mejores, y tenga cierto pesar por no haber sido capaces de conservar lo que ha sido, posiblemente, el punto más alto de crecimiento en su trayectoria personal. No se trata de fantasear con señales luminosas y predicciones optimistas. La respuesta ha de ser positiva y realista. Miramos al cielo con el paraguas abierto y la esperanza de que escampe, y en cualquier caso, una vez reconocida con certeza la situación de partida, debemos seguir adelante y buscar soluciones. La memoria de lo que llegamos a alcanzar no se equilibra con la esperanza de recuperar lo perdido. Ambos conceptos se nutren del esfuerzo del individuo, por tanto es preciso estimular y recompensar la virtud y el tesón para que el futuro sea algo más que una promesa. Los límites solo son vallas superables; y las paredes, con frecuencia son simples escalones. Debemos utilizar todo nuestros recursos, físicos y mentales, para rebasarlas, sin dejarnos abatir por el cansancio. Después de todo, no estamos irremisiblemente vencidos. No hay edad maldita. La formación permanente es posible, y aprendiendo actitudes aprendemos soluciones. Siempre hay una salida, un peldaño que subir, una puerta a la que llamar. Nuestro reto es emplear nuestra energía en generar ideas y buscar los medios para llegar a la meta que nos hemos marcado y hacer que nuestros sueños se cumplan. La empleabilidad no solo es un objetivo alcanzable; hoy más que nunca, es un desafío a nuestra mente, capaz, si se lo propone, de grandes logros y de generar una fuerza inmensamente mayor de lo que sospechamos. Pongámonos a prueba y comprobaremos hasta qué punto es cierto que somos el resultado de nuestros actos.

Comments are closed.