Una buena educación debe combinar dedicación y paciencia con autoridad y cariño. Dicho de otro modo, el abandono prematuro de los educandos lleva a la pérdida de su interés por encontrar y seguir el camino hacia el fortalecimiento de su autoestima; y por otra parte, la intransigencia sofoca el desarrollo de lo mejor de ellos mismos. La importancia de estos valores ya se revela en el mismo significado de los términos, que nos dan la clave para comprender el empeño de las instituciones de la sociedad humana en controlar los mecanismos que permiten la planificación sistematizada de los recursos para incluir en la comunidad los nuevos miembros desde sus primeros estadios vitales. Al mismo tiempo se manifiesta la dificultad de tal combinación, dada la renuencia natural del individuo a someterse de buen grado a las normas. Los primeros pedagogos eran esclavos, meros acompañantes del niño a la escuela. Allí empezaba el proceso educativo, para tratar de obtener lo mejor que cada alumno portaba, supuestamente, en su interior. Suele decirse que un buen escultor «solamente» tiene que sacar a la luz la figura que ya está dentro de la piedra. Si difícil es obtener el resultado que admiramos, ¿cuánto más la extracción de los valores que el individuo lleva dentro?

Probablemente no hay tarea que requiera tanta y tan permanente dedicación como la de educar a los que nacen a la vida. En este proceso educativo intervienen personas desempeñando diferentes papeles, y las emociones están siempre presentes. Hay dulces momentos de la vida en que nos toca ejercer de madres y padres educadores. Nos preguntamos hasta qué punto debemos ser duros también, y cuáles son las implicaciones prácticas de esta actitud, rechazando, obviamente, modelos espartanos y métodos punitivos. Un bebé construye su mundo paso a paso, y reclama su espacio con la misma energía y determinación con la que ese mundo le pone delante los obstáculos que debe superar. ¿Se trata de eliminar vallas o más bien de entrenarlo para saltarlas? Como en todo proceso de construcción, por bien que vaya la obra, siempre se generan detritus y escombros. Llegará un día en que tendremos que asumir el papel de cubo de basura. Ahora es tiempo de seguir equilibrando emociones, educando la mente y el corazón, abriendo caminos hacia la vida.

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