“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas”. (Mario Benedetti). Ha transcurrido una larga etapa de nuestra historia desde las primeras concepciones dualistas del hombre, basadas en el estudio de los procesos mentales que podían llevar a la comprensión del individuo en su totalidad. La psicología ha ido evolucionando hasta llegar a un punto de fusión globalizadora, aceptando, entre otras cosas, que el todo es más que la suma de las partes. Desde una perspectiva holística, la visión trascendental, la valoración de los aspectos naturalistas, el tratamiento personalista, la dimensión humanista, han ido convergiendo en una concepción integrativa del individuo. El análisis de sus componentes nos confirma que el ser humano es un todo indivisible al que hay que tratar como tal. Hay suficientes razones para defender la validez de esta proposición. En consecuencia, teniendo en cuenta la interacción psicosomática, la flexibilidad en los tratamientos ha de darse por supuesta, ya que no se trata tan solo de aplicar técnicas estrictas, sino sobre todo de asumir un modelo de vida, de seguir un patrón de conducta adaptado a las peculiaridades personales, poniendo énfasis en los valores individuales. Cada enfoque está sujeto a revisiones constantes, dado que su eficacia está condicionada por el grado de seguimiento de las pautas por parte del paciente. En sentido estricto, deberíamos hablar de modelos personalizados de psicoterapia Integrativa. De hecho, el peso condicionante de lo cotidiano en la práctica de esas pautas marcadas puede ser tan relevante como la precisión del diagnóstico. Una saludable recomendación de abrir la ventana al aire fresco de la mañana no siempre produce el efecto positivo deseado… Es frecuente encontrarnos con actitudes de rechazo que no conducen precisamente a un gabinete de psicología en busca de acompañamiento y soluciones duraderas. En muchos casos, se trata de padres o tutores a los que les gustaría encontrar respuestas estándar inmediatas a preguntas a veces erróneamente planteadas. Hacen bien en preocuparse, y harían mejor en tomar la decisión de acudir al psicoterapeuta cuanto antes, en lugar de administrar remedios que adolecen de falta de rigor e improvisación, por no hablar de injerencia en el campo de la actividad profesional de la Psicología. No es fácil aceptar nuestra incapacidad para conseguir todo aquello que deseamos. A pesar de toda la ayuda que podamos recibir, siempre confiamos en alcanzar nuestros objetivos por nuestros propios medios; lo cual es positivo, pues de este modo reforzamos nuestra motivación intrínseca. De lo contrario, nace en nosotros la sensación de fracaso. Nunca estamos totalmente libres de este sentimiento. La frustración se manifiesta de formas muy diversas en nuestra sociedad afectando en mayor o menor medida a personas de cualquier edad que no pueden satisfacer sus anhelos. Todos los seres vivos, sin excepción, sentimos el deseo innato de medrar. Satisfacer este impulso natural lleva a diferentes actitudes vitales, en función de los factores ambientales y de la elección personal: el coraje, la rendición, la sumisión o el desacato, la tolerancia, el conformismo o la rebelión…
El recuerdo de nuestros fracasos nos asalta y desestabiliza a lo largo de nuestra vida; no podemos borrarlos, pero sí asumirlos como parte de nuestra historia personal. Reconciliarse con los recuerdos perturbadores ayuda a superar conflictos personales, pero a su vez requiere una revisión seria de expectativas y objetivos. Deberíamos estar abiertos a todos los estímulos necesarios para superar obstáculos y ser capaces de levantar losas de enormes proporciones; la dificultad estriba más en nuestro concepto de losa que en su magnitud, real o ficticia. La carencia de recursos esenciales para la vida es un terrible mal en sí mismo donde quiera que se produzca, provocando gran sufrimiento a quienes la padecen; pero encontrar cerradas las puertas a otra clase de productos accesorios puede llegar a generar un grave nivel de frustración si el individuo abocado a consumir no logra satisfacer esa necesidad creada. No es preciso poner ejemplos. Nuestra mente determina la importancia de lo inaccesible y la dosis de esfuerzo para conseguirlo. En todo caso, adquirir un adecuado nivel de autocontrol, reconocer los límites, reforzar los lazos afectivos son objetivos irrenunciables de carácter prioritario. Todos debemos actualizar el cuestionario adecuado a cada circunstancia sociocultural de acuerdo con el modelo de vida elegido y buscar las respuestas que nos permiten tener a punto nuestros mecanismos de curación para alcanzar la salud psíquica y el equilibrio emocional, y relacionarnos sanamente con los que nos acompañan en el camino de la vida. «No hay salud psicológica sin que lo esencial de la persona sea fundamentalmente aceptado, amado y respetado por otros y por ella misma». (A. Maslow)

Comments are closed.