Aceptamos como inevitable la obediencia institucionalizada, que sin duda tiene ventajas indiscutibles, pero deberíamos estar alerta ante determinadas formas de poder que perspicaces expertos en diseño, dotados de una notable habilidad manipuladora, ejercen bajo apariencia de inofensiva permisividad de pensamiento, amparados en sutiles advertencias de buen comportamiento cívico en la actividad cotidiana de la comunidad. Con la pretensión de prevenir el caos y aprovecharse de una entropía social controlada, tratan de conseguir un compromiso incondicional entre sus seguidores. Para ello utilizan su privilegiada posición comunicativa, esgrimiendo argumentos a favor o en contra de quienes se aproximan incautamente a su campo gravitacional. Siempre hay algunos dispuestos a seguir sus consignas, que no dudan en lanzarse a un uso frenético y placentero de su producto, llegando a la entrega total en busca de una felicidad difícilmente alcanzable. Sin embargo, esta situación no es irreversible. La clave de la salvación de tan frustrante estado de sumisión está en el desarrollo cognitivo. La proyección del YO sobre todo aquello que se quiere controlar es un proceso hacia el autoconocimiento. Promover la reflexión sobre el fracaso de las propias acciones puede conducir al cambio de rumbo necesario para alcanzar el éxito. Y cuanto antes se empiece, mejor. No hay límites en nuestra mente, solo obstáculos que debemos superar. Por otra parte, nada es imposible si somos capaces de imaginar. Cualquier situación es susceptible de mejorar con la ayuda de nuestra imaginación; dibujar un escenario posible y positivo es el primer paso para avanzar hacia un objetivo. Puede generarse el cambio de los que están dispuestos para la reconversión ayudándolos a descubrir que hay otras opciones en un mundo donde caben todas las tendencias de pensamiento, que la auténtica libertad de acción reside en el poder de la mente y que los que piensan por sí mismos son los únicos dueños de sus actos.

Algunos librepensadores, lamentablemente, han sido perseguidos a lo largo de la historia por defender con firmeza sus criterios (cabría preguntarse si hoy corremos peligro por difundir nuestro modo de pensar). En todo caso, es necesario arriesgarse a perder alguna neurona a cambio de la libertad de pensamiento. Se utilizan diferentes términos para referirse a lo que en esencia es adiestramiento de habilidades específicas y entrenamiento metódico de la mente para el desarrollo de sus facultades, pero solo respetando las características personales es lícito conseguirlo. Cualquier intento de programación sin tener en cuenta la singularidad de individual debería estar condenado al fracaso.

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