Las preocupaciones del día hay que dejarlas durante la noche; poco pesa un vaso de agua, pero si lo sostenemos durante horas, nuestro brazo acaba entumecido. No importa cuánto pesa la carga, sino cuánto tiempo estamos dispuestos a sostenerla. Cuando decimos u oímos a alguien decir “ánimo, que no hay mal que cien años dure”, en realidad estamos hablando de Resiliencia y pensamiento positivo. Definido como la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, este término, de uso relativamente reciente en Psicología, encierra un concepto tan antiguo como el ser humano. Hace referencia a una propiedad mecánica bien conocida en la vida común. La falta de esa capacidad suele ser interpretada como rendición estéril ante la adversidad. En cambio, una excesiva reacción indiscriminada contra toda causa de dolor se percibe como actitud de despecho. Tampoco faltan referencias a la recuperación tras un duro revés en la vida en las que el muelle es el elemento ejemplarizante. Dice un proverbio hindú que no hay árbol que el viento no haya sacudido… y sin embargo, crece hasta alcanzar su dosel siempre que no falte el sustento a sus raíces. Creer en uno mismo no es suficiente, pero es imprescindible para superar los avatares que afrontamos a diario. No estar solos tampoco basta. Nos consuela ver que las personas que caminan a nuestro lado también están expuestas a similares presiones, pero no debemos caer en la trampa del fracaso compartido. Estamos continuamente recibiendo impactos de todo tipo, que ponen a prueba nuestra capacidad de recuperación. Los psicólogos sabemos que es difícil superar algunas situaciones críticas, y no sirve de consuelo el mal de muchos. Para activar el proceso de Resiliencia es imprescindible generar pensamientos positivos. A este respecto, hay posiciones orientadas hacia una actitud de olvido como vía de superación. Esta táctica aleja aparentemente de la situación adversa, pero los efectos permanecen si no se analizan las causas para superar las consecuencias negativas y volver cuanto antes a un estado de alta autoestima. Ser positivo implica enfocar la vida con una visión optimista, basada en el sano equilibrio entre la mente y el cuerpo. Caer, levantarse y volver a empezar no es una opción, es una experiencia vital cotidiana. “… Caminar, sentada o de pie, en el fondo no importa, lo verdaderamente importante es si quieres hacerlo o no. Si la respuesta es positiva, siempre encuentras la fórmula para hacerlo. Querer es poder, ahí está la clave de todo”. Teresa Perales.

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