Es posible llegar a aceptarnos y querernos tal como somos, conscientes de nuestra singularidad y cualidades distintas, si bien el proceso de” ser mejores sin ser perfectos” exige humildad para encajar las derrotas, prudencia tras las victorias que solemos interiorizar como resultado de nuestro trabajo, agradecimiento por la ayuda que recibimos de los demás, valor para luchar, sobre todo cuando ser diferente implica estar en desventaja a la hora de competir para alcanzar los objetivos sociales más elementales. Aun siendo natural la complacencia entre semejantes, se ha avanzado notablemente hacia un mayor reconocimiento integrativo de lo que se percibe como diferente, aceptándolo como un valor que suma en la construcción de una sociedad en la que cuesta abrirse camino si no se poseen ciertas cualidades y destrezas estandarizadas.
No es necesario recordar las continuas llamadas a la reflexión de carácter solidario para percatarnos de lo que sucede a nuestro alrededor en las circunstancias cotidianas de nuestra vida, en el trabajo, en el ámbito escolar, en el propio hogar, y por supuesto entre los que carecen de las más básicas señas de identidad social.
Cada vez son menos frecuentes las actitudes de rechazo e intransigencia ante lo que se aparta de los cánones de la normalidad, acompañadas de falta de perspectiva, de irracionalidad, en ocasiones de acoso verbal y físico, de incapacidad manifiesta para ejercer la autocrítica y reconocer las propias carencias, relegando a “destinos diferentes” a quienes muestran algún tipo de discapacitación. Afortunadamente, términos como tolerancia, inclusión, ya forman parte del lenguaje habitual. Son muchas las personas que las llenan de contenido acompañando y ayudando a asumir las diferencias precisamente como elementos dinamizadores del proceso de integración, centrándose en el desarrollo del autoconocimiento, una de las construcciones de la psicología aplicada, esencial para comprender las características de nuestro entorno y eliminar toda tendencia a la discriminación excluyente. La familia, en cualquiera de sus modalidades, es la estructura que en mayor medida aporta el apoyo necesario para alcanzar los objetivos de integración total. En este sentido, conviene subrayar que cualquier grupo que defiende y cuida de los que son diferentes es tanto más eficaz cuanto mejor reproduce un esquema fundamentado en una buena relación afectiva.
Efectivamente, hay cada día más voluntades decididas a superar limitaciones que parecen barreras insalvables, más personas diferentes que llevan adelante su proyecto vital, potenciando su capacidad de adaptación, aprovechando al máximo sus aptitudes. Por otra parte, es precisamente la visión de conjunto la que nos hace valorar todas y cada una de las piezas, por sencilla que sea la función que desempeñan en el funcionamiento del engranaje social. No se trata solo de adoptar posturas socialmente correctas, sino de asumir activa y positivamente que todos y cada uno de los seres que habitamos el planeta tenemos ganado el derecho a un espacio y una misión que cumplir. Frente a modelos de perfección individual, tenemos la posibilidad de avanzar hacia un mundo de perfección colectiva en el que todos somos válidos y necesarios.
La educación es el gran pilar que sustenta este proceso e impulsa la respuesta inclusiva de aceptación de los demás. La diversidad, entendida en su más amplio sentido, es la clave del éxito en la naturaleza, y el ser humano no está excluido de este principio. En su dimensión cultural constituye la auténtica riqueza de nuestra especie (Levi Strauss) y es factor de cohesión determinante de nuestra evolución sobre la base de la multiplicidad de los aprendizajes, con independencia del nivel intelectual y de las características diferenciadoras de cada persona. Ser diferente no es un drama existencial, sino una fuente de valor añadido. Desde esta perspectiva, no hay cabida para la intransigencia; solo es aceptable respetar y amar, por encima de toda diferencia, la vida en cualquiera de sus manifestaciones individuales. «Cuando perdemos el derecho a ser diferentes, perdemos el privilegio de ser libres.» (Charles Evans Hughes).

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