«Puedo vivir en el imperio romano, hacer viajes espaciales, echar partidos de fútbol; puedo elegir el tiempo en que me apetece vivir o jugar… Mientras juego en mi PC nadie me dice qué hago mal…” (15 años, consumidor de videojuegos). Aunque en algunos ámbitos aún se encuentra cierta resistencia a admitirlo, hoy ya se acepta este tipo de conducta como un riesgo de adicción a los videojuegos. Ante la proliferación de esta tecnología audiovisual específica, hay quienes defienden este pasatiempo como un modo eficaz de desarrollar la imaginación y de favorecer la amistad de los adolescentes a través de su relación interactiva, culpando a la sociedad del déficit de alternativas lúdicas para los jóvenes, abocándolos a la práctica de tal entretenimiento. Es cierto que muchos padres ignoran o pasan por alto el control de sus hijos sobre sus actividades de ocio al frente de una consola, hasta caer en la trampa de la percepción de inevitabilidad derivada de la presión ambiental, de los
amigos, incluso de la familia. Es verdad que ciertos estudios adolecen de falta de rigor en la recogida de datos y en las conclusiones extraídas sobre este fenómeno que cada día afecta a más adolescentes; pero contamos con su testimonio personal y el de sus padres y tutores. Dejando a los expertos la valoración de los muchos datos que hoy se manejan sobre este asunto, nos quedamos con la constatación de la realidad de nuestro entorno. Como en cualquier otra adicción, determinar las causas es fundamental para tratar de superar las consecuencias negativas que se derivan del uso compulsivo de la consola de videojuegos, que en muchos casos lleva a conductas patológicas, pasando inadvertidas hasta que el problema crece, haciéndose visible y difícil de afrontar. Es un factor importante la accesibilidad de los adolescentes a los juegos de red, pero en la aparición de conductas adictivas deben tenerse en cuenta factores de otro tipo: psicológicos, familiares, sociales, etc. La obsesión y pérdida de autocontrol para poner límite temporal a cualquier actividad, por interesante que esta sea, denota los primeros síntomas de adicción. La solución que aportamos los psicólogos se basa en la estrategia para establecer con certeza las causas y tomar las decisiones correctas. Anulada la capacidad del chico o la chica y para decidir y quedando claro que “ Yo controlo mi conexión ” afecta al inicio de la adicción, es entonces cuando los padres y tutores se ven comprometidos en la búsqueda de la solución para encontrar el punto final. Aunque no todos son igualmente efectivos, diversos medios están a su alcance, desde los estrictamente mecánicos de control de la conexión hasta los más duraderos, basados en la confianza mutua, en la valoración de los riesgos y en la elección positiva de formas alternativas de relación social.

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